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jueves, 24 de abril de 2008

UCATECI, DISTINGUE PROFESOR

UCATECI, Reconoce destacado y brillante profesor universitario

POR UBALDO SOLIS
La Vega. La Universidad Católica Tecnológica del Cibao (UCATECI), realzó un homenaje de reconocimiento a uno de sus más destacados profesores por sus
Valiosos aportes al desarrollo educativo en esa institución de estudios superior por más de quince años

El Ingeniero Carlos Tomás Henríquez Vargas, recibió el reconocimiento del rector de la alta casa de estudios de La Vega, Monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo, quien destaco las cualidades humanas y docentes del homenajeado

Expresando, élesta adornado de excelentes cualidades sobre todo en el servicio y la entrega a los demás. Queremos agradecerle a Carlos Tomás, por todo su empeño, su dedicación y por lo que ha hecho por nuestra universidad, por su calidad humana y docente al servicio de la familia universitaria”

Explicando además Mons. Mejía Vallejo, “el profesor Carlos Tomás conjuga a un maestro que ha puesto en práctica la filosofía de la calidad, sosteniendo que solamente positivo para el desarrollo de nuestra población estudiantil universitaria, pues con buenos profesionales es que logáramos desarrollar un mejor país

De acuerdo a las evaluaciones realizadas por la Universidad Tecnológica del Cibao, el mismo se desenvuelve como un brillante y ejemplar profesor; entregado, responsable, respetuoso, cooperador y sobre todo desinteresado haciendo aporte cuando se necesita

Fue la persona encargada del diseño y plasmo su inspiración técnica parao habilitar las nuevas 36 aúllas del edificio Juan Pablo lI , para un sistema Semi-inteligente con tecnología de punta y un sistema de Voz, Video y Data.
Es una persona admirada por profesores, empleados y alumnos de esa institución universitaria

El ing. Carlos Tomás Henríquez, nació en la ciudad de Salcedo, graduado de Ingeniería Eléctrica y Mecánica con pos grado en los Estados Unidos,

El mismo agradeció el reconocimiento de la universidad, manifestando, sin educación no puede haber un buen sustento de la economía de un pueblo, por la razón la educación es la base principal del desarrollo y crecimiento de las naciones

Llamo a los estudiantes a prepararse cada día más forzándose para ser los mejores y así poder aportar lo mejor a esta sociedad, también llamo al personal docente, administrativo, directores de escuelas, decanos, junta de directores a sumarse a la rectoría para contribuir a una UCATECI, mejor

Ley, honra, memoria de Lorenzo Despradel (Muley

Ley, honra memoria de Lorenzo Despradel (Muley)
Lorenzo Despradel (Muley) olvidado de su pueblo y su generación


Por Ubaldo Solís

La Vega. Para muchos veganos y dominicanos el nombre de Lorenzo Despradel (Muley), suena desconocido, poco son las personas conocedora de su existencia y su labor como periodista, escritor, soldado de la Libertad, secretario particular del Generalísimo Máximo Gómez y un vegano autentico

Para horrar su nombre el Congreso Nacional designa mediante Ley núm. 469, de fecha 26 de agosto del 1969, en ARTICULO UNICO,- Se designa con el nombre de Lorenzo Despradel, el puente que cruza la avenida Pedro A. Rivera sobre el puente en el Río Camú

Publicado en la Gaceta Oficial Nacional núm. 9155 de fecha 20 de septiembre del 1969
Para dar cumplimiento a la Ley-469-69, se realizaron en el día de ayer, un acto con la presencia del Embajador de la República de Cuba Dr. Juan Astiasarán Ceballo, el develizamiento de una tarja, con la lectura de la semblanza del periodista vegano, por el profesor Francisco Torres Peliton, donde se entonaron los Himnos de la República Dominicana y Cuba, por la Centenaria Banda de Músicos,
El acto fue organizado por el Instituto Duartiano (La Vega), el Instituto Vegano de Cultura y el Ayuntamiento Municipal,

Es hora que los veganos de aquí y los que se encuentran en otros lugares del País y el exterior recordemos a nuestros más connotados conciudadanos aquellos que han sido envuelto el manto del olvido, quitando esa vestidura oscura a nuestras figuras ilustres y valerosas dándole el sitial que se merecen para el conocimiento y recuento de esta y las futuras generaciones, démeles a nuestros predecesores las herramientas necesaria para poder hablar con orgullo y valentía de historia de esta Vega

Su nombre como lo dice Juan Bosch, en su obra “El Napoleón de las Guerrillas”, en el capítulo III, Sobre la Campaña de la Reforma” PAG. 43, dice, “ Quien nos da el dato de que el general Gómez tardó en reaccionar es otro dominicano olvidado en Cuba y en su país el coronel Lorenzo Despradel, nacido en La Vega, quien fue a la guerra de Cuba con apenas tenía 21 años alcanzado el grado de coronel al lado de Máximo Gómez”

De su parte Joaquín Balaguer, en su obra “Letras Dominicanas, en el capítulo dedicado a Lorenzo Despradel, “ Con el material literario que dejó disperso Lorenzo Despradel en opúsculos y periódicos, podría formarse uno de los libros más amenos y sin duda de carácter más original en el conjunto de la literatura dominicana” (pág. 146)

La prestigiosa periodista redactora del periódico Hoy, Ángela Peña, escribe Red Poder Comunitario, digital), dice de Lorenzo Despradel, “Espíritu inquieto, liberal, enamorado ferviente de la libertad y la justicia, no fue sólo el amigo y secretario de campaña del Generalísimo Máximo Gómez en la guerra de la Independencia de Cuba. Combatió con las armas y la pluma, las dictaduras de Ulises Heureaux, Geraldo Machado y la ocupación Yanqui en el país en 1916. Se destacó como vigoroso periodista y excepcional literato cuya obra quedó dispersa, alguna inédita, entre Santo Domingo y La Habana. También ejerció el magisterio en Guayubin”.

Mientras que Don Guido Despradel, historiador vegano, expresaba de él, “Su Pasión por la justicia, chocó con los anacronismos y concupiscencia reinantes en aquella época, por lo cual tuvieron sus padres enviarlo a guayubin, al lado de su hermano Fidelio


usolis4587@gmail.com

Apesto histórico del periodismo

o
Apestó histórico del periodism
Los testimonios más antiguos de lo que se podría denominar periodismo se localizan en las primeras civilizaciones urbanas. Así, de la época del Imperio Romano datan los Comentarii pontificum, los Annales máximi y el Acta diurna. Esta última, publicada diariamente desde el año 59 a. C., consistía en una hoja de papel que recogía acontecimientos políticos y sociales y que se colgaba en plazas importantes para que un buen número de personas pudiera acceder a esa información. También en China, durante la dinastía Tang, circuló una gaceta (llamada pao), que, bajo diferentes nombres y formatos, continuó publicándose hasta el ocaso de la dinastía Ching, en 1911. No obstante, los auténticos precedentes se encuentran en los almanaques anuales y, sobre todo, en los informes semestrales que en el siglo XVI editaba en Colonia Michel von Aítzing o Eyzenger, que giraban en torno al conflicto entre católicos y partidarios de la Reforma; además, el mismo Eyzenger fue el responsable de dos almanaques anuales (Messrelatíonem), que se vendían en las ferias de Frankfurt y que hallaron fuerte resonancia en toda Europa.
El comercio fue uno de los factores que determinó, en los centros económicos, una creciente demanda de información: en Venecia, los Awisi daban cuenta de las noticias que traían los barcos, los Zeitungen se vendían en las principales ferias alemanas, y también en Londres o en Sevilla existía este tipo de prensa manuscrita. La imprenta permitió multiplicar las copias, y los transportes y el correo facilitaron su divulgación y periodicidad. Esta última es la característica fundamental que define al periodismo, de ella toma su nombre y en su conquista definitiva jugó un papel decisivo el avance técnico y tecnológico.
De la regularidad anual y luego semestral a que nos hemos referido, en 1597 se pasa a la tirada mensual, cuando el emperador Rodolfo II encargó que se imprimieran gacetas mes a mes, con el fin de contrarrestarla proliferación de panfletos motivados por su enfrentamiento con húngaros y germanos. En el mismo año, el florentino Gigli editó boletines semanales de carácter comercial. De 1609 es la primera serie periódica que se conserva: 52 números publicados semanalmente en Estrasburgo por Johann Carolus.
Por esas fechas (comienzos del siglo XVII) se puede decir que ya estaban sentadas las bases del periodismo tal como hoy lo concebimos, si bien la distribución diaria, que llegó en 1702 con el periódico británico The Daily Courant, no se consolidarla hasta el siglo XIX. Ese periodismo incipiente respondía a la conducta publicista de los organismos oficiales, mantenida hasta el estallido revolucionario burgués, que monopolizaban la información política; fue el caso, por ejemplo, de La gazzete de France (1631), fundada por Théopheaste Renaudot. Las luchas de religión, la contienda nacional en los Países Bajos y las reivindicaciones de la ascendente burguesía impulsaron una prensa no oficial —casi siempre clandestina— en contra de los mecanismos propagandísticos del poder monárquico. Como resultado del cambio de actitud que significó el liberalismo se crearon órganos independientes dirigidos a un sector de la sociedad cada vez más amplio. Surgen periódicos como The Tatler (1 709-1 1), The Spectator (1711-12), The Examiner o The Rambler que empezaban a incluir artículos de opinión y que fueron imitados en toda Europa (en esta línea se sitúan El pensador (1762), de Clavijo y Fajardo; Le Journal de Paris (1777); The Times (1785); o el Diario de Barcelona, de 1792).
En los primeros años del siglo XIX, el perfeccionamiento del sistema de producción y tratamiento del papel, la continua experimentación la introducción del vapor y la electricidad, los progresos en el terreno de la ilustración gráfica, el ferrocarril como medio de transporte, las telecomunicaciones o la concentración de la población en los núcleos urbanos hicieron del periódico el vehículo de comunicación de las masas. También la disminución del índice de analfabetismo contribuyó a que los periódicos y revistas llegasen a más gente (hacia 1830 comenzaron a editarse revistas destinadas a un público con un nivel de educación bajo, así como otras concebidas exclusivamente para mujeres).
El periodismo evoluciona y surgen nuevas modalidades: la de los pennypapers (que costaban solamente un penique) fue una moda que, iniciada en Gran Bretaña, se extendió a otros países —los estadounidenses The Sun (1833) y The New York He-raid (1836), el francés La presse o El español, de 1836—; el tratamiento informativo se conduce hacia la especialización; aparecen dos ediciones diarias (la matutina y la vespertina) para dar cabida a todo el caudal informativo; se diversifican los medios; las agencias de información internacionales venden sus reportajes a diferentes periódicos y revistas, etc.
En 1924 irrumpe la radiodifusión, que se apropia de la inmediatez informativa, con el consiguiente retroceso de la palabra escrita. La comercialización de la televisión (1938), que en la actualidad representa el medio de comunicación de masas por excelencia, supuso asimismo un duro golpe para la prensa en formato papel. Con todo, el periódico continúa desempeñando una función imprescindible en la actividad informativa, pues ofrece un tratamiento más amplio y profundo de los sucesos que el que proporcionan la radio o la televisión. Además, la radical revolución operada en el ámbito tecnológico reduce considerablemente el tiempo que ocupa el proceso editorial, permite abarcar más noticias y transmitir de inmediato a través de la red informática los datos que no hayan entrado en prensa.
El periodista
Profesionalidad, ética, objetividad
En el siglo XVIII comenzaron a aparecer los primeros periodistas, pero habrá que esperar hasta la siguiente centuria para asistir al nacimiento del profesional de la información tal y como hoy lo entendemos. Ya en 1883 se creó una asociación de profesionales del sector: el lnstitute of Journalists (de origen británico), que luego inspiraría la American Newspaper Guild (1933), la Fédération Nationale de la Presse Française, la Asociación Nacional de Prensa, etc. Hasta el siglo xix, los periodistas se iniciaban en la profesión como meros aprendices, pero ya entre 1879 y 1884, la Universidad de Missouri (Columbia, Estados Unidos) imparte un curso de periodismo, y en 1912 la Universidad de Columbia en Nueva York establece la licenciatura de periodismo (promovida por Joseph Pulitzer).
La toma de conciencia de la responsabilidad social por parte del periodista es producto de los siglos XIX y XX. Anteriormente, los periódicos eran instrumentos políticos al servicio de una determinada postura y de la denuncia de la Opuesta. Poco a poco, se fueron haciendo más independientes, como resultado de la demanda de la población, de la publicación de libros en torno a la responsabilidad del periodista y de la discusión que suscitó el tema en ¡as reuniones de cada asociación; estos factores motivaron el auto examen de la práctica periodística, así como la elaboración de derechos y deberes). A lo largo del siglo XX la preocupación por ¡a profesionalidad aumentó, debido a varias causas: la organización del trabajo del periodista, la profusión de estudios acerca de la historia, los problemas y técnicas de los medios de comunicación de masas y el creciente sentido de ¡a responsabilidad social que tienen ¡os periodistas, lo cual se traduce en una presentación imparcial de la noticia.
Sin embargo, la imparcialidad no implica que la redacción de ¡os hechos tenga que ser meramente descriptiva; antes bien, gozan de buena aceptación entre los lectores los artículos que interpretan y valoran la realidad (columnas, artículos de opinión, editoriales, etc.). Así, desde mediados de la década de los sesenta del siglo XX, muchas ediciones dominicales incorporan revistas donde se mezcla ¡a información aséptica con el comentario editorial. En estos años surge también la corriente conocida como nuevo periodismo (promovido desde Estados Unidos por N. Mailer, T. Wolfe, R. Greenfield,Ch. Bukowski, Ph. Roth, T. Southern, y otros), que se propuso una renovación del lenguaje periodístico, de tal forma que se quebrasen las fronteras de la escritura convencional y se reflejasen en la exposición la vida o los sentimientos del protagonista. Más adelante, la tendencia del periodismo industrial ha sido la de ocultar la figura del periodista —en otros tiempos muy popular, sobre todo la de aquellos que consiguieron acreditar su nombre ante los lectores—, convertido progresivamente en técnico del lenguaje para la información de una colectividad, y mediatizado siempre por la estructura de la empresa.
Es cierto que en nuestros días los medios disfrutan de libertad de información, aunque siempre con las limitaciones que imponga la legislación de cada país, la política de a empresa o el mismo Gobierno. Por ejemplo, en lugares sometidos a regímenes dictatoriales, el papel de la prensa es el de transmitir una determinada ideología, y el periodista se convierte en funcionario del Estado bajo la atenta vigilancia de la censura. n los sistemas democráticos la libertad recorre diversos grados: desde el uso discreto ocasional de la autocensura (en materias delicadas que puedan comprometer a las autoridades por ejemplo), hasta la declaración sin tapujos de la tendencia ideológica que subyace al periódico, al canal de televisión o a la cadena de radio.

Apesto histórico del periodismo

o
Apestó histórico del periodism
Los testimonios más antiguos de lo que se podría denominar periodismo se localizan en las primeras civilizaciones urbanas. Así, de la época del Imperio Romano datan los Comentarii pontificum, los Annales máximi y el Acta diurna. Esta última, publicada diariamente desde el año 59 a. C., consistía en una hoja de papel que recogía acontecimientos políticos y sociales y que se colgaba en plazas importantes para que un buen número de personas pudiera acceder a esa información. También en China, durante la dinastía Tang, circuló una gaceta (llamada pao), que, bajo diferentes nombres y formatos, continuó publicándose hasta el ocaso de la dinastía Ching, en 1911. No obstante, los auténticos precedentes se encuentran en los almanaques anuales y, sobre todo, en los informes semestrales que en el siglo XVI editaba en Colonia Michel von Aítzing o Eyzenger, que giraban en torno al conflicto entre católicos y partidarios de la Reforma; además, el mismo Eyzenger fue el responsable de dos almanaques anuales (Messrelatíonem), que se vendían en las ferias de Frankfurt y que hallaron fuerte resonancia en toda Europa.
El comercio fue uno de los factores que determinó, en los centros económicos, una creciente demanda de información: en Venecia, los Awisi daban cuenta de las noticias que traían los barcos, los Zeitungen se vendían en las principales ferias alemanas, y también en Londres o en Sevilla existía este tipo de prensa manuscrita. La imprenta permitió multiplicar las copias, y los transportes y el correo facilitaron su divulgación y periodicidad. Esta última es la característica fundamental que define al periodismo, de ella toma su nombre y en su conquista definitiva jugó un papel decisivo el avance técnico y tecnológico.
De la regularidad anual y luego semestral a que nos hemos referido, en 1597 se pasa a la tirada mensual, cuando el emperador Rodolfo II encargó que se imprimieran gacetas mes a mes, con el fin de contrarrestarla proliferación de panfletos motivados por su enfrentamiento con húngaros y germanos. En el mismo año, el florentino Gigli editó boletines semanales de carácter comercial. De 1609 es la primera serie periódica que se conserva: 52 números publicados semanalmente en Estrasburgo por Johann Carolus.
Por esas fechas (comienzos del siglo XVII) se puede decir que ya estaban sentadas las bases del periodismo tal como hoy lo concebimos, si bien la distribución diaria, que llegó en 1702 con el periódico británico The Daily Courant, no se consolidarla hasta el siglo XIX. Ese periodismo incipiente respondía a la conducta publicista de los organismos oficiales, mantenida hasta el estallido revolucionario burgués, que monopolizaban la información política; fue el caso, por ejemplo, de La gazzete de France (1631), fundada por Théopheaste Renaudot. Las luchas de religión, la contienda nacional en los Países Bajos y las reivindicaciones de la ascendente burguesía impulsaron una prensa no oficial —casi siempre clandestina— en contra de los mecanismos propagandísticos del poder monárquico. Como resultado del cambio de actitud que significó el liberalismo se crearon órganos independientes dirigidos a un sector de la sociedad cada vez más amplio. Surgen periódicos como The Tatler (1 709-1 1), The Spectator (1711-12), The Examiner o The Rambler que empezaban a incluir artículos de opinión y que fueron imitados en toda Europa (en esta línea se sitúan El pensador (1762), de Clavijo y Fajardo; Le Journal de Paris (1777); The Times (1785); o el Diario de Barcelona, de 1792).
En los primeros años del siglo XIX, el perfeccionamiento del sistema de producción y tratamiento del papel, la continua experimentación la introducción del vapor y la electricidad, los progresos en el terreno de la ilustración gráfica, el ferrocarril como medio de transporte, las telecomunicaciones o la concentración de la población en los núcleos urbanos hicieron del periódico el vehículo de comunicación de las masas. También la disminución del índice de analfabetismo contribuyó a que los periódicos y revistas llegasen a más gente (hacia 1830 comenzaron a editarse revistas destinadas a un público con un nivel de educación bajo, así como otras concebidas exclusivamente para mujeres).
El periodismo evoluciona y surgen nuevas modalidades: la de los pennypapers (que costaban solamente un penique) fue una moda que, iniciada en Gran Bretaña, se extendió a otros países —los estadounidenses The Sun (1833) y The New York He-raid (1836), el francés La presse o El español, de 1836—; el tratamiento informativo se conduce hacia la especialización; aparecen dos ediciones diarias (la matutina y la vespertina) para dar cabida a todo el caudal informativo; se diversifican los medios; las agencias de información internacionales venden sus reportajes a diferentes periódicos y revistas, etc.
En 1924 irrumpe la radiodifusión, que se apropia de la inmediatez informativa, con el consiguiente retroceso de la palabra escrita. La comercialización de la televisión (1938), que en la actualidad representa el medio de comunicación de masas por excelencia, supuso asimismo un duro golpe para la prensa en formato papel. Con todo, el periódico continúa desempeñando una función imprescindible en la actividad informativa, pues ofrece un tratamiento más amplio y profundo de los sucesos que el que proporcionan la radio o la televisión. Además, la radical revolución operada en el ámbito tecnológico reduce considerablemente el tiempo que ocupa el proceso editorial, permite abarcar más noticias y transmitir de inmediato a través de la red informática los datos que no hayan entrado en prensa.
El periodista
Profesionalidad, ética, objetividad
En el siglo XVIII comenzaron a aparecer los primeros periodistas, pero habrá que esperar hasta la siguiente centuria para asistir al nacimiento del profesional de la información tal y como hoy lo entendemos. Ya en 1883 se creó una asociación de profesionales del sector: el lnstitute of Journalists (de origen británico), que luego inspiraría la American Newspaper Guild (1933), la Fédération Nationale de la Presse Française, la Asociación Nacional de Prensa, etc. Hasta el siglo xix, los periodistas se iniciaban en la profesión como meros aprendices, pero ya entre 1879 y 1884, la Universidad de Missouri (Columbia, Estados Unidos) imparte un curso de periodismo, y en 1912 la Universidad de Columbia en Nueva York establece la licenciatura de periodismo (promovida por Joseph Pulitzer).
La toma de conciencia de la responsabilidad social por parte del periodista es producto de los siglos XIX y XX. Anteriormente, los periódicos eran instrumentos políticos al servicio de una determinada postura y de la denuncia de la Opuesta. Poco a poco, se fueron haciendo más independientes, como resultado de la demanda de la población, de la publicación de libros en torno a la responsabilidad del periodista y de la discusión que suscitó el tema en ¡as reuniones de cada asociación; estos factores motivaron el auto examen de la práctica periodística, así como la elaboración de derechos y deberes). A lo largo del siglo XX la preocupación por ¡a profesionalidad aumentó, debido a varias causas: la organización del trabajo del periodista, la profusión de estudios acerca de la historia, los problemas y técnicas de los medios de comunicación de masas y el creciente sentido de ¡a responsabilidad social que tienen ¡os periodistas, lo cual se traduce en una presentación imparcial de la noticia.
Sin embargo, la imparcialidad no implica que la redacción de ¡os hechos tenga que ser meramente descriptiva; antes bien, gozan de buena aceptación entre los lectores los artículos que interpretan y valoran la realidad (columnas, artículos de opinión, editoriales, etc.). Así, desde mediados de la década de los sesenta del siglo XX, muchas ediciones dominicales incorporan revistas donde se mezcla ¡a información aséptica con el comentario editorial. En estos años surge también la corriente conocida como nuevo periodismo (promovido desde Estados Unidos por N. Mailer, T. Wolfe, R. Greenfield,Ch. Bukowski, Ph. Roth, T. Southern, y otros), que se propuso una renovación del lenguaje periodístico, de tal forma que se quebrasen las fronteras de la escritura convencional y se reflejasen en la exposición la vida o los sentimientos del protagonista. Más adelante, la tendencia del periodismo industrial ha sido la de ocultar la figura del periodista —en otros tiempos muy popular, sobre todo la de aquellos que consiguieron acreditar su nombre ante los lectores—, convertido progresivamente en técnico del lenguaje para la información de una colectividad, y mediatizado siempre por la estructura de la empresa.
Es cierto que en nuestros días los medios disfrutan de libertad de información, aunque siempre con las limitaciones que imponga la legislación de cada país, la política de a empresa o el mismo Gobierno. Por ejemplo, en lugares sometidos a regímenes dictatoriales, el papel de la prensa es el de transmitir una determinada ideología, y el periodista se convierte en funcionario del Estado bajo la atenta vigilancia de la censura. n los sistemas democráticos la libertad recorre diversos grados: desde el uso discreto ocasional de la autocensura (en materias delicadas que puedan comprometer a las autoridades por ejemplo), hasta la declaración sin tapujos de la tendencia ideológica que subyace al periódico, al canal de televisión o a la cadena de radio.